Perdieron a quienes sostenían sus hogares o sus casas; o sus lugares de trabajo quedaron destruidos. Son los damnificados del terremoto del 16 de abril y que abandonaron Manabí y Esmeraldas, las más afectadas, para retomar sus actividades en otras provincias. Entre sus destinos están Guayas, Pichincha, Santa Elena, Santo Domingo de los Tsáchilas, Los Ríos.

Durán y Guayaquil han sido dos de las ciudades destino de esta migración interna. Los damnificados se han instalado en casas de parientes o amigos. Unos ya han retornado a las provincias de Manabí y Esmeraldas al no encontrar oportunidades para subsistir. Otros se han quedado con la esperanza de empezar de nuevo, como las hermanas Zambrano Quinteros, Jenny, con dos hijos; y Rosa, con tres, que dejaron su natal Pedernales cuatro días después del terremoto que hizo desplomar las casas donde vivían.

Inicialmente, Ramón Coox, hermano de madre de ambas, le dio posada a Jenny y sus hijos durante un mes en la ciudadela Abel Gilbert 3 del cantón Durán, en Guayas, donde vive.

Pero desde hace dos meses esta madre soltera alquiló una villa en el sector de Los Helechos en Durán.

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Dos jóvenes la ayudaron, le dieron víveres y dinero para el pago de los dos primeros meses de la renta.

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   Jenny no conoce sus nombres ni cómo dieron con ella. Solo recuerda que le dijeron que vivían en la ciudadela La Puntilla.

El problema es que no tiene trabajo, tampoco dos de sus hijos de 23 y 24 años, recién graduados de ingeniería comercial.

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Ambos han entregado sus hojas de vida en empresas de call center, para ventas, pero aún no los llaman.

Jenny se inscribió en el registro único de damnificados (RUD), uno de los requisitos para ser beneficiaria del bono de alquiler que el Gobierno entrega a los que rentan sus casas a los afectados por el terremoto ($ 135 al mes por seis meses).

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Desde entonces acude cada semana a las oficinas del MIES de Durán, donde le han dicho que consta en la base de datos, pero que debe seguir esperando.

Rosa, en cambio, vive con tres de sus hijos y un nieto en la casa de un sobrino en la cooperativa Brisas del Guayas, de Durán.

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El primer mes subsistió con las donaciones, asegura, y desde entonces su hermano Coox le sigue ayudando con el almuerzo.

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Sus tres hijos de 15, 13 y 7 años fueron matriculados en unidades educativas fiscales de Durán y ella se dedica a cuidar a su nieto, de 3 años.

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La madre adolescente de este último quedó en Manabí con su pareja.

Rosa piensa retomar la venta de productos por catálogo, oficio al que se dedicaba en Pedernales: “Tengo que ver cómo hago para sobrevivir”, dice esta madre soltera.

Ambas hermanas son parte de una de las 16 familias -con 77 integrantes- damnificadas que migraron de Manabí a Durán, según un reporte del 5 de mayo del Municipio de Durán.

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Se estima que se han sumado seis familias más, afirma Diego Zambrano, director de Desarrollo Humano y Gestión Social del Cabildo.

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Dice que en agosto evaluarán el registro.

El funcionario afirma que actualmente coordina acciones para integrar a estas familias en los programas municipales.

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Por ejemplo, a algunos se los ha registrado para que reciban un puesto en el mercado municipal que, dice, está listo y próximo a inaugurarse.

El número de personas afectadas por el terremoto que han migrado a otras provincias se desconoce.

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El número de familias de provincias distintas a Manabí y Esmeraldas que reciben el bono de acogida que entrega el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) por albergar a los damnificados es un referente.

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Al 3 de junio pasado, el MIES informó que de los 2.300 bonos de acogida que se entregaban hasta ese entonces, 600 correspondían a familias que habían migrado a otras provincias, principalmente Santo Domingo de los Tsáchilas y Guayas.

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Se trata de $ 135 al mes más $ 15 para el pago de servicios básicos por hasta seis meses

El presidente del Consejo Nacional Electoral, Juan Pablo Pozo, dijo esta semana que 19.634 personas registraban nuevo domicilio electoral en Santo Domingo de los Tsáchilas.

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El funcionario atribuyó este incremento a la migración de manabitas y esmeraldeños por el terremoto.

Según el informe emitido por el Gobierno a los cien días del terremoto y presentado el martes pasado por el vicepresidente Jorge Glas, un total de 9.790 familias reciben el bono de acogida.

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La cifra incluye a las que han sido acogidas en las ciudades donde ya vivían.

Pero algunos no han accedido a algunos de estos bonos.

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Es el caso de Carmen Parra junto a su pareja y tres hijos quienes sobrevivieron al deslave que hubo en el barrio 20 de Noviembre, de Esmeraldas, durante el terremoto.

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Su casa de caña y ellos fueron arrastrados hasta la orilla de un canal, pero lograron salir, recuerda la mujer, que tiene tres meses de embarazo.

A los pocos días del terremoto, Carmen, su familia y otras 20 personas se trasladaron a Guayaquil en un camión.

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Se fueron quedando en varios sectores del sur de la ciudad. Ella se instaló en la Isla Trinitaria, donde vive un pariente de su cónyuge. Ahí permanecieron alrededor de un mes y luego tuvieron que irse, dice sin contar detalles.

Mientras caminaban con cartones y una funda de ropa que la vecindad le había regalado, dieron con una casa comunal abandonada, sucia y sin techo, en la cooperativa Desarrollo Comunal 1, en el sur de Guayaquil, en la que decidieron quedarse.

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Los plásticos que han puesto a manera de techo solo cubren una parte de la construcción y una repisa en la que hay peluches que Carmen ha recogido de la basura, adornan el interior.

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Afuera de la vivienda ha colocado un cartel donde ofrece lavar ropa. Una canasta por $ 5 o $ 10, menos de lo que cobraba en Esmeraldas.

Carmen fue hace un mes a las oficinas del MIES para registrarse como damnificada y recibir un bono.

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En su caso, sería el de alquiler, ya que no tiene una familia que la acoja. Afirma que aún no le han dado una respuesta al respecto. Lo que más le preocupa ahora es la educación de sus tres hijos, de 5, 8 y 11 años, a quienes no los aceptaron en una escuela fiscal cercana a ese sector porque no tiene los documentos para registrarlos.

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“Todo lo perdí y no tengo dinero para ir a Esmeraldas a pedir los papeles a las escuelas de allá”, dice la madre.

Es una realidad que se repite en Santa Elena, adonde llegó María Cotera, de 76 años, quien ahora vive en la casa que alquila su hija, Lérida Panezo, en el cerro El Tablazo de esa provincia.

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“Estaba secando un arroz cuando se vino todita la casa abajo”, cuenta la mujer que habitaba en Pedernales.

Ella salió de ese cantón a los cuatro días del sismo camino a Santa Elena.

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Su hija Lérida alquiló una furgoneta para traerla y recibe el bono de alquiler. Cotera, en cambio, espera recibir el de alimentación, que es de $ 100 al mes por tres meses.

Según el MIES, luego del terremoto se reportó el ingreso de aproximadamente 300 familias de Manabí y Esmeraldas a Santa Elena, pero hasta fines de junio se estimaba que cerca de 100 habían retornado.

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Hasta esta semana se reportan 132 familias manabitas y 16 esmeraldeñas en Santa Elena, según Marjorie Pozo, directora del MIES en esa provincia.

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(I)

Bonos por el terremoto

De acogida En el cantón Quevedo, en Los Ríos, se han entregado 224 bonos de acogida hasta el 13 de julio pasado, según el sitio web del MIES.

De alquiler Con corte al 26 de julio pasado, 681 familias han recibido el bono de alquiler, que se entrega a familias que alquilan a personas damnificadas por el sismo.

Los que han migrado esperan acceder a los bonos estatales que el Gobierno entrega a los afectados por el sismo.

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Tags: Isla

Con información de: El Universo

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