Cómo aprovechar el contacto permanente que los jóvenes tienen con la tecnología para proponer soluciones. Eso fue lo que inspiró a Melina Masnatta y sus cuatro amigas para dar vida a la organización Chicas en Tecnología a fines de 2014 (cuando tenían entre 26 y 29 años) con el objetivo de reducir la brecha de género en este ámbito. “Hay muchos ejemplos de desarrollos tecnológicos en los que no se tiene en cuenta a las mujeres, y su mirada es distinta a la de un hombre”, explica Masnatta.

A través del programa Programando un Mundo Mejor buscan que jóvenes de 13 a 16 años detecten un problema y brinden una solución a través del uso de la tecnología y la programación de apps: desde dónde ir a comer si sos celíaco a dar consejos ante inundaciones en José León Suárez.

“Les enseñamos que el futuro lo tienen que crear ellas mismas”, concluye Masnatta.

Santiago Mayor: interesado por el ambiente “Ya desde antes venía con la idea de hacer algo por la comuna, la ciudad o el país”, cuenta Santiago Martín Mayor, alumno de 4° año de Nuestra Señora de la Unidad que participó del comité de cambio climático de Escuela de Vecinos e identificó los temas de mayor preocupación en los vecinos porteños: contaminación del aire y residuos.

Escuela de Vecinos es un programa que promueve la participación de alumnos de 4° año de la ciudad de Buenos Aires para presentar una iniciativa de proyecto de ley a la Legislatura porteña.

“Todos estábamos de acuerdo en que el cambio climático hay que resolverlo. No es cierto que los jóvenes no queremos hacer nada. En el proyecto, muchos chicos de mi edad queríamos generar un cambio. No sé si hablar de líderes, pero sí de que todos estábamos participando por igual”, asegura.

Abigail Fernández: encontró su lugar y hoy es tallerista Ese inspirar desde la juventud es lo que define a Lider.ar, un programa de formación comunitario para adolescentes de los últimos tres años de secundaria que busca, a través de talleres y metodologías de juego, trabajar el desarrollo personal de los jóvenes para que tengan un rol protagónico.

Abigail Fernández, del colegio Asunción de la Virgen de San Fernando, provincia de Buenos Aires, participó del programa.

“Cuando empecé, tenía muchos problemas, me sentía muy sola y desganada.

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En los talleres aceptaban tus opiniones sin juzgarte, había unión y me motivó. Encontré allí mi lugar, me ayudaron a confiar en mí, a sentirme más segura”, cuenta emocionada la joven de 16 años.

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Hoy Abigail participa como tallerista y asegura: “Sí, me siento una líder. Ahora soy yo la que tiene que poder contarles lo que viví. Siento que todos juntos somos líderes”.

Franco Ortiz: de albañil a profesor de circo Franco Ortiz nació en la villa 21-24 de Barracas, donde creció con sus 11 hermanos.

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A sus 13 años trabajaba como albañil, cuando un profesor del barrio lo invitó a sumarse a una escuela local circense de Circo Social del Sur.

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Esta organización promueve la integración y el desarrollo psicofísico de jóvenes en condición de marginalidad social y económica del Gran Buenos Aires a través de ese bello y divertido arte.

“Descubrí un lugar donde jugar, un espacio familiero donde todos se hablaban con respeto, donde no importaba si yo decía que venía de una villa”, expresa.

Con el tiempo, Franco comenzó a “jugar” más, pero sin abandonar sus responsabilidades: estudiaba a la mañana, a la tarde trabajaba unas horas y a la noche iba a las clases.

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Cuando a los 16 comenzó la formación avanzada del circense, empezó a verlo como una posible profesión.

“Aprendí cómo es el mundo circense, me enseñaron nuevas técnicas y fui mejorando en distintas actividades”, recuerda, y agrega: “Viajé por primera vez en avión a un festival internacional en Brasil”.

Hoy, a sus 20 años, Franco es profesor circense, vive sólo desde hace dos años, logró tener una estabilidad económica de lo que le gusta, y aspira a continuar sus estudios en Europa, adonde espera audicionar el próximo año.

Su historia de vida le enseñó más sobre el liderazgo, el emprender, el cambiar entornos y ayudar a otros, y lo transmite en charlas inspiracionales dirigidas a jóvenes: “Siempre me señalaban por ser de la villa.

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En el circo no ocurre eso, ahí todos somos iguales. Y eso es lo que trato de transmitirles hoy a mis alumnos, además de darles la técnica. Aprendí que yo tenía muchas cosas del circo en mi vida: una acrobacia no sale de un día para otro, hay que trabajar mucho para conseguirlo”.

Y agrega: “A veces algo es muy difícil, pero si uno va subiendo escaleras paso a paso, va ir alcanzando sus objetivos.

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Conocí a muchas personas que siguen sus sueños y me parecen únicas. No hay que pensar sólo en lo económico sino buscar el camino para ser felices”.

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Con información de: La Nacion

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