En Como te soñé, Esther Goris se convierte en Amanda, una escritora en crisis, bloqueada creativamente, a la que se le venció el plazo para entregar un texto teatral y que se gastó hasta el último centavo del adelanto. Es una de esas crisis que reúnen varios motivos, porque, para colmo, su ex (Oreste Valente) acaba de dejarla por una adolescente de “piernas eternas”. Un día, mientras Amanda padece una resaca, un hombre desnudo (Maximiliano Ghione) se le presenta en su living. Primero ella supone que es un ladrón. Pero no: se trata de un personaje de una novela abandonada hace años. “El le pide vida. Que le dé una historia. Y así, escribiendo, nace el amor”, cuenta Goris, también autora de esta comedia romántica.

“Es la primera vez que gente que no me conoce de antes me felicita por la composición.

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Y no sé qué decir: no puedo andar diciéndole que esta vez no me felicite, que no me lo merezco. Porque decir que Amanda es muy parecida a mí es una forma de decir. La creé a mi imagen y semejanza”, cuenta la actriz a Página/12, al comienzo de una charla que ocurre en su departamento y a la que se unirá, más tarde, el actor italiano Oreste Valente.

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El espectáculo, escrito por Goris y Camila Quiroga y dirigido por Valeria Ambrosio, se presenta en el Multiteatro (Corrientes 1283), de miércoles a sábados a las 21 y los domingos a las 20.30.

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El elenco lo completan Vanesa Butera y Quiroga.

Lo primero que revela la autora es que Amanda es muy torpe, tanto como ella.

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Dice que, cotidianamente, las cosas se le suelen resbalar de las manos, olvida horarios, se pone medias de distintos colores y los sweaters al revés.

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Además, como ella, Amanda es escritora. Goris, que estudió Letras, escribió la novela Agatha Galiffi, la flor de la magia, la obra teatral El otro sacrificio y fue guionista del film Ni Dios, ni patrón ni marido.

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“Y sobre este tema había escrito para televisión, a fines de los noventa. Cristina Banegas era una autora que se enamoraba de un personaje de ficción creado por ella. Ese personaje era Alejandro Dolina y hacía de sí mismo. La diferencia es que no era una comedia”, compara.

Viene de brillar en La leona con Diana Liberman, un personaje muy diferente a Amanda.

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También a Goris. “De todas maneras es un mito bastante arraigado entre los actores eso del despojo de uno mismo para que entre un personaje”, aclara.

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“Es mentira: nadie puede despojarse de sí mismo. Ni siquiera Meryl Streep. Uno trabaja con lo que tiene. Lo hace crecer, lo baja. Uno podría decir, como el poeta, ‘contengo multitudes’. Ser actor se trata de vivir todas las vidas posibles. De ser de todos los modos posibles. Cuantos más, mejor”, reflexiona.

A la transgresora y celebrada Diana la construyó “desde la piedad y la empatía con el sufrimiento”.

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“Me apiadé de Diana, por lo tanto el público también. Ella persigue un imposible que es el amor de su marido, que no logra jamás. Hay otros imposibles que una puede haber perseguido. Y no hablo del amor. Más allá de que he tenido algún amor imposible, sobre todo en la juventud. Cuando una se vuelve grande, tiende a enamorarse de hombres que se enamoran primero de una. Por lo menos a mí me pasa. Y hay otros imposibles, más allá del amor. Aunque no sé si hay muchas cosas más importantes. Está en el tope, junto con el conocimiento”, sostiene.

La historia de amor que la obra plantea tiene una particularidad, que la actriz pone sobre la mesa a modo de pregunta: “¿quién no se enamoró, alguna vez, de un personaje de ficción?”.

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A ella le pasó: vibraba con Antonio Soffiantini, el personaje de Giancarlo Giannini en Amor y anarquía, un anarquista que prepara un atentado para matar a Mussolini.

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“Podría viajar a Italia para ver al actor, hacer cualquier cosa, tomar un avión… pero no puedo relacionarme con el personaje, ese hombre tímido y angelical al que le dan esa misión.

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Todo el mundo, alguna vez en su vida, se enamoró de un personaje”, asegura la actriz.

Otra coincidencia con la realidad es la crisis creativa que afronta Amanda en Como te soñé.

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Una situación parecida transitó Goris cuando escribía Agatha…. Estaba bloqueada y convencida de que si se le vencía el plazo tenía que devolver el adelanto que le habían dado.

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Y ya se lo había gastado todo. “Me tomó seis meses más de lo que establecía el contrato”, cuenta. En ese entonces, José Pablo Feinmann le dio un consejo: que no se despegara de la computadora, amén de que solamente escribiera una oración.

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“Yo le decía: ‘¡hace quince días que no me puedo acercar!’ El tema es que ni él ni el agente editorial me dijeron que no me hiciera problema, que no iba a ir presa por haberme gastado el dinero y no haber terminado a tiempo”, se ríe, a la distancia.

Podría decirse entonces que Como te soñé, obra sobre el amor con un humor “hilarante” que contiene “varios niveles de lectura”, es una pieza notablemente autobiográfica.

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Y aunque sean múltiples las miradas que habilita, una fuerte hipótesis queda sugerida a partir de la trama: “El amor es siempre o casi siempre una construcción que uno hace del otro.

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Se crea al ser amado como se crea a Dios, a imagen y semejanza. Ese es uno de los textos. En la medida en que los velos van cayendo, que uno va advirtiendo que el otro es diferente a la construcción que hizo de él, en la medida en que compatibilicen esa creación primigenia y aquél que el otro es, se perpetúa el amor”, analiza la autora.

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“Lo que se dice en general es que es algo maravilloso, que no se puede ser más feliz que de a dos. Y eso también lo pienso.”

La obra estaba a punto de estrenar cuando uno de los actores enfermó.

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Y entonces apareció en escena Valente, que en poquitos ensayos encajó perfectamente con el espectáculo.

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“Me encanta esta obra. Es un modo de hablar del teatro dentro del teatro. Vengo de la patria de Pirandello, y la veo perfecta para un equipo italiano”, dice el actor, que vive con un pie en su país y otro en la Argentina (ver recuadro).

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“Una feliz confluencia de azares hizo que terminara trabajando con nosotros”, celebra Goris. Se conocieron porque Valente venía actuando en un unipersonal dirigido por Ambrosio, que es la directora de Como te soñé.

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Un día Valente fue a ver un ensayo y la química con Goris fue inmediata. Claro que, en ese momento, ninguno de los dos imaginaba que se terminaría integrando al elenco.

“El estuvo con los más grandes de la escena, con Gassman, con Monicelli.

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Con cualquier estrella europea que se te ocurra”, elogia la actriz. Se elogian mutuamente, en realidad. Lo interesante de la incorporación de Valente a Como te soñé es que el personaje que encarna, el ex de Amanda, era, antes, un “porteño avivado” y pasó a ser un pintor italiano “extravagante”, llamado el Tano Oreste.

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“La obra está muy bien escrita. Y el personaje de Oreste funciona porque es rápido, no tiene tiempo muerto. Esther es genial como autora”, concluye el actor.

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Con información de: Pagina 12

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