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Yammine Chery ||||*&* ||32 // El hambre, pero de ?animalito?

“…Les digo que este esparcimiento está removiendo como ?preocupación? de la mente de muchos a la propia angustia de buscar qué comer; no estoy exagerando…” Mientras un sector del país se bate a duelo contra la brutalidad represiva de un gobierno que intenta implantar a rajatabla un modelo totalitario de Estado; mientras el país se cae a pedazos; mientras cada día una empresa cierra y las fábricas se clausuran; mientras no se puede ir al mercado sin venir con los ojos húmedos por las lágrimas; mientras la represión bestial del gobierno de Maduro va abriendo más fosas en un cementerio particular de asesinados por balas, metras y bombas lacrimógenas lanzadas a quemarropa; mientras Venezuela se ha convertido en un tema angustiante en el campo internacional; mientras entramos a un túnel que parece sin fondo; mientras todo eso pasa, el pueblo pobre, el más necesitado y hambreado, se ha entregado a la ludopatía del antiguo, pero renovado juego de los animalitos.

 ¿Estamos ante un simple entretenimiento masivo? ¿Estaré perdiendo mi tiempo en referirme a tan “inocente” juego, tan inocente que buena parte de sus jugadores son niños, adolescentes, mujeres pobres, y en su mayoría gente que en sus hogares falta la dieta con suficientes proteínas y vitaminas, o que no tiene para comprar el medicamento que le exigen en el hospital? No mis lectores, está realidad de alienación masiva no es inocente; esta moda tan irracional y tan abarcativa es sospechosa. En este país donde todo está fiscalizado, perseguido, multado, hurtado y vigilado por un enjambre de funcionarios y guardias nacionales en su recurrente oficio de matraca, se me hace sospechoso entonces el libertinaje, lo rueda libre, lo expansivo, lo viral que se ha hecho este juego; me parece sospechoso que estos que nos desgobiernan, pero que se la tiran de voceros de la “moral suprema”, ni siquiera han dicho esta boca es mía sobre este juego.

Pues les diré también, después de dejar esta sospecha bien servida en la mesa donde se puede cavilar cualquier cosa de este gobierno tan macabro y maquiavélico, que este berrinche masivo, relacionado con una ruleta virtual y con dateros por todos lados, puede estar dejando una brutal huella negativa sobre el campo ético de una sociedad, y especialmente sobre los muy influenciables niños que lo juegan a granel.

 Les digo también con propiedad que me alarma la cantidad de energía emocional y la suma de ocupación mental que provoca este juego, el cual se ha convertido rotundamente en el centro de conversación de muchísimos venezolanos; les digo que este esparcimiento está removiendo como “preocupación” de la mente de muchos a la propia angustia de buscar qué comer; no estoy exagerando.

Hay quienes dicen, en relación a esta “distracción”, que estamos ante una gigantesca lavandería o blanqueo de dinero. Hay otros que más bien hacen referencia a una imponente plataforma de manipulación social, especialmente sobre los sectores populares. Lo cierto es que en los barrios todo el descontento y la insatisfacción de muchos de sus habitantes no se está orientado hacia la rebeldía social, sino hacia la afición por este juego, donde de vez en cuando se gana o se cree tener las herramientas para ganar (datos, sueños, cálculos, etc.); pero más es lo que se va por el saco roto de la frase “perdí”.

Yo lamento el sentir devocional de la gente adicta a los animalitos; mientras, nuestra Venezuela se torna un aquelarre. Sólo veo aquí un fervor descerebrado, una devoción mística del cordero que va hacia el matadero de más y más pobreza. Se trata de la lealtad del rebaño hacia el “juégate el caballo”; mientras, el país está en llamas y el niño llora su hambre.

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Sarkis Mohsen

Tags: Venezuela

Con información de: Tal Cual

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