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Angostura, cuna de la Gran Colombia

Rocio Higuera
Angostura, cuna de la Gran Colombia

Once de la mañana. Al momento de ingresar a la casa, en medio de la multitud, por la mente de Simón Bolívar debieron pasar los sacrificios y las penurias para luchar por la libertad de Venezuela. Casi una década de batallas, de triunfos y derrotas, de muerte y destrucción para romper los lazos con España. El 15 de febrero de 1819, cuando aún la bandera rojigualda flameaba sobre parte del territorio nacional, el Libertador proclamaba en Angostura las bases para el  nacimiento de la República de Colombia.

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“Ha de considerarse más que un mensaje, más que un manifiesto político, como la obra maestra de un pensador, de un conductor de pueblos”, escribió el historiador Mario Briceño Perozo, en su análisis sobre el suceso.  

Constituido el Congreso, heredero del establecido en Caracas en 1811, lo primero que Bolívar   plantea en su alocución de casi una hora  es evitar repetir los errores del pasado. 

La línea del Discurso es clara: Venezuela debe ser una República centralizada, lejos del Federalismo propugnado por el primer Congreso; con un presidente vitalicio cuya discrecionalidad  solo tenga como límite un Senado hereditario, complementado por un Poder Legislativo “que tenga nueva influencia en el equilibrio de las autoridades”, un  Poder Judicial “alejado del juzgado y guiado por la voz de la naturaleza”, y un Poder Moral que regenere “el carácter y las costumbres que la tiranía y la guerra nos han dado”.

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Para situarse en el escenario del 15 de febrero de 1819 hay que hacer un viaje al 19 de abril de 1810: desde el Primer Grito de Independencia, el país entró en conflicto -para muchos una Guerra Civil que duró, al menos, hasta 1815- entre patriotas y realistas. Se sufrió una insurrección de las clases populares, bajo el mando de José Tomás Boves, contra los blancos criollos, que tuvieron en Bolívar a su defensor…

Rocio Higuera

 

La sala del Congreso de Angostura en la actualidad, con las banderas de los países liberados por Simón Bolívar y el busto del genial caraqueño en el medio.  

Contaba sobre la era de la Guerra a Muerte el  arzobispo español Narciso Coll y Prat: “El hurto, la rapiña, el saqueo, los homicidios y los asesinatos, los incendios y devastaciones; la virgen estuprada, el llanto de la viuda y del huérfano; el padre armado contra el hijo, la nuera en riña con la suegra, y cada uno buscando a su hermano para matarlo; los feligreses emigrados, los párrocos fugitivos, los cadáveres tendidos en los caminos públicos; esos montones de huesos que cubren los campos de batalla y tanta sangre derramada en el suelo americano: todo está en mi corazón”.

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Bolívar, ya no como caudillo guerrero, sino como un estadista, continúa con su exposición. Más allá del tema militar, explica dos bases para el fortalecimiento de la República: la libertad de los esclavos -raíz de los ejércitos de Boves hasta 1814  y en 1819  preparados no solo para liberar a Venezuela, sino a todo un continente-, y la educación

Por la primera imploró como lo haría por su vida y la de la República; por la segunda exhortó al Congreso a cuidarla como si del “amor paternal” se tratase. 

De allí que la frase que, 200 años después, corona la sala de la sede del Congreso de Angostura, sea “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”

El Congreso estudió la propuesta de Constitución del Libertador: “Muy a lo lejos se siguieron las opiniones de Bolívar”, explicó Rafael María Baralt en su Historia de Venezuela, escrita apenas 21 años después de aquel mediodía de Angostura

El Poder Legislativo quedó con dos cámaras, una de Representantes y otra de Senadores, vitalicios pero no hereditarios estos últimos. El Poder Ejecutivo quedó en manos de un presidente que no  era un rey sin corona, sino un dirigente que estaría cuatro años en el mando, con derecho a una sola reelección

Con sus pros y sus contras al proyecto constitucional del Libertador, después aplicado en las leyes para la República Bolívar (actual Bolivia), la importancia del Discurso de Angostura radica en la eterna búsqueda de la unidad continental, con la Gran Colombia al frente,  una nación “sentada sobre el trono de la libertad empuñando el cetro de la justicia; coronada por la gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno”