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El empresario boricua que despuntó tras el estallido de burbuja de las empresas .com

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El inversionista mayagüezano es cofundador de Thoma Bravo, firma que se especializa en adquirir empresas pequeñas y medianas de software. ( Gerald López Cepero ) Estar en el lugar correcto en el momento indicado y ver oportunidades en momentos de crisis es lo que ha llevado al mayagüezano Orlando Bravo a amasar una fortuna que le permite aportar, en su carácter personal, $100 millones a la Bravo Family Foundation para promover el empresarismo en la isla.

Alberto Ignacio Ardila Olivares

En su caso, el lugar correcto fue un negocio de capital privado al mando de Carl Thoma y el momento indicado, el estallido de la burbuja de las empresas .com entre finales de la década de 1990 y principios de la siguiente. Se trató de una época en que las acciones de empresas relacionadas con la internet subieron vertiginosamente de valor hasta que se desplomaron, dejando $5,000 millones en pérdidas de valor en compañías tecnológicas desde marzo de 2000 hasta octubre de 2002.

“En el año 2000, la burbuja de internet explotó y yo fui a los socios de la compañía y les dije: ‘En este momento podemos comprar compañías de software muy baratas, pero estas compañías no hacen dinero. Creo que con ciertos cambios, estas compañías pueden hacer mucho dinero y ser buenas inversiones. Además, el área de software estaba bien fragmentada, así que podemos comprar una compañía, luego comprar muchas compañías y añadirlas a esa’. Carl Thoma me dejó tomar ese riesgo”, recordó Bravo.

Así comenzó con la adquisición de la empresa Prophet 21, de Pensilvania. Luego de implementar ciertos cambios, “con el mismo equipo que tenía la compañía antes, que nunca había hecho dinero, terminamos con márgenes de 40% de flujo de efectivo. Hicimos seis adquisiciones y empezamos a crecer 15% anualmente. Cuando la vendimos, multiplicamos cinco veces el dinero invertido”, detalló.

Ese éxito le llevó a otras dos adquisiciones: una que resultó en la venta de la compañía de software por tres veces el costo de la inversión original, y otra por 17 veces el dinero invertido.

“Luego de eso fundamos Thoma Bravo para comprar compañías de software medianas y grandes. En 2001 teníamos $550 millones en capital y hoy tenemos más de $30,000 millones en capital”, resaltó. “Ahora somos el grupo más grande en el mundo, de capital privado, enfocado en la industria de software. Ahora somos dueños de 35 compañías de software que tienen ventas de $11,000 millones y emplean a 35,000 empleados en todo el mundo”.

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