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Las esperanzas de Venezuela en Oslo: ruptura en la política de la Unión Europea y Estados Unidos

Cuando no se toma debida cuenta de los grandes cambios y crecimiento en la economía física mundial, se pone de manifiesto el caso de estudio de Venezuela cuya dirigencia refleja un modelo racional pero que no acata el dictado el Consenso de Washington.

El pasado 25 de mayo el Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega hizo pública una declaración a los efectos que representantes del hombre designado por Estados Unidos, Juan Guaidó y representantes del gobierno de Venezuela, se reunieran una vez más en Oslo esta semana para adelantar un diálogo político.

La idea es encontrar una solución política a la crisis inventada por Estados Unidos para Venezuela. Esto apunta a tratar de evitar un conflicto militar abierto y un posible aflojamiento en la política de sanciones, cosa que ha perturbado a sectores críticos de la economía de Venezuela y de los servicios sociales del país. Con mayor razón para los intereses de la Unión Europea sería tratar de estabilizar al gobierno de Venezuela y utilizar las conversaciones de Oslo como vehículo tanto simbólico como concreto con el propósito de asegurar a las elites europeas y venezolanas las cuales están bajo la presión de las políticas neoliberales del Consenso de Washington.

Estados Unidos está trastornado ante la posibilidad que su jugada para el cambio de régimen haya fracasado y ha renegado de todo el proceso de Oslo. El vicepresidente norteamericano Mike Pence ha expresado su desilusión ante el espectro de una reconciliación en Venezuela, un poco antes de los nuevos anuncios desde Noruega, señaló que el momento para el diálogo “ya pasó” agregó refiriéndose a Venezuela que “ahora es el momento para la acción”.

Los representantes de Venezuela designados por Estados Unidos como el equipo de Juan Guaidó, han expresado de manera refleja su extrema desilusión por la segunda vuelta de las conversaciones. Estas reflejan –lo que ellos temen—una falta de cohesión entre los socios transatlánticos en torno a la cuestión de Venezuela. En tanto se ha hecho común hablar de “las sanciones internacionales contra Venezuela“, las más tajantes y severas son aquellas aplicadas por Estados Unidos, mientras que la Unión Europea se enfoca de manera específica sobre un pequeño grupo de individuos y la prohibición a las transacciones de materiales de índole militar, transacciones en las cuales Venezuela no confía y sobre las cuales no ha mostrado ningún interés.

El pasado 26 de mayo una crítica figura opositora, dirigente fugitivo del sistema judicial venezolano, Antonio Ledezma, inició un diálogo en vivo desde su cuenta en Twitter…

https://twitter.com/alcaldeledezma/status/1132669168787107841

…planteando una serie de preguntas retóricas: ¿Qué está pasando ahora en Noruega? ¿Un diálogo?

¿Qué es eso? ¿Ingenuidad? ¿Errores? ¿Quién apoya todo esto? ¿Quién aprovecha esta jugada? pregunta Ledezma con exasperación.

Ledezma dejó nítidamente en claro que él es totalmente opuesto a las reuniones en Oslo: “Maduro y su mafia está desguazando la Asamblea Nacional y viajan a Oslo en calidad de usurpadores. Yo apoyo a Juan Guaidó pero mi responsabilidad es señalar que yo no estoy de acuerdo con el formato noruego.”

En particular, el gobierno español, representando el hecho que sus intereses capitalistas en Venezuela continúan siendo sólidos y que continúa demostrando confianza en el gobierno del PSUV arremetió contra la política de Estados Unidos en Venezuela. La relación de España con Venezuela es profunda, por otra parte, las exitosas obligaciones de España con Alemania descansan sobre un grado de solvencia que España encuentra en Venezuela.

Por ejemplo, el pasado miércoles 8 de mayo el Ministro de Relaciones Exteriores de España Josep Borrell declaró en persona en el canal estatal TVE señalando que Estados Unidos está actuando “como los vaqueros del Lejano Oeste norteamericano que gritan, ¡cuidado, o saco mi pistola”. Su posición, como la de la Unión Europea –como lo evidencia el proceso de Oslo—es que la solución de la crisis de Venezuela puede solamente ser “pacífica, negociada y democrática”.

Por supuesto que también debemos tomar nota, simbólicamente, que Oslo es una expresión del solucionador de problemas que es la Unión Europea, frente al generador de problemas que emanan de la crisis de Estados Unidos luego de Bretton-Woods.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega indicó durante una declaración en la que reiterando su compromiso de buscar “una solución acordada” entre las partes, es al mismo tiempo delicadamente diplomático en su tratamiento del hecho que la “otra” parte venezolana de hecho es solo Estados Unidos. “Hemos informado que los representante de los principales actores políticos de Venezuela han decidido regresar a Oslo la próxima semana para continuar con el proceso facilitado por Noruega.

Cuando Estados Unidos lanzó la fase formal de su gambito de cambio de régimen en Venezuela, tuvo éxito en crear suficiente empuje político para estimular a los principales estados miembros de la Unión Europea para que regresaran a la última semana del mes de enero de este año pidiéndole a Maduro que realizara nuevas elecciones dentro de un plazo de ocho días o sufrir ciertas consecuencias.

Los medios corporativos transatlánticos tuvieron éxito en crear un holograma de corta vida en los medios de comunicación, en el cual se explicaban cuáles serían las consecuencias, es decir, “reconocer a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela en circunstancias que no se trataba de ninguna consecuencia. Este engaño fue suspendido con éxito, no se llamó a nuevas elecciones en Venezuela y a su debido tiempo se reveló la verdadera posición de la Unión Europea.

Quizás se prometió que el tal holograma convencería a aquellos elementos de la elite industrial y financiera de Venezuela, como también a los militares, que el gobierno del PSUV estaba viviendo sus últimos días. Pero ese no fue el caso y eso no se materializó. Dicho esto, la Unión Europea está buscando una salida para ese impasse y reconoce el significado de sus propias relaciones con China y Rusia países a su vez han invertido mucho en Venezuela bajo el actual régimen de compromisos; los mismos compromisos que serían incumplidos en el caso que ocurra un cambio de régimen en el país.

Del mismo modo y a pesar que Venezuela está siendo sometida a graves sanciones de parte de Estados Unidos, el país no ha puesto al día su status con el Fondo Monetario Internacional, FMI durante más de una década (desde el 2007) o para decirlo más claramente, no se le ha permitido hacerlo de manera consistente con su propia soberanía, la Unión Europea y los otros socios internacionales se están dando cuenta así que es la política de Estados Unidos lo que está fuera de contexto con la comunidad internacional.

En todo caso las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela también afectan a otros socios comprometidos en transacciones con la República Bolivariana de Venezuela el fantasma de litigios y las restricciones comerciales contra varias firmas globales –incluso algunas norteamericanas—ha tenido en general un efecto calmante.

De todos modos, aquí hay algo que no se ve y que refleja un creciente deseo de parte de actores financieros multilaterales de poder comprometerse de manera directa y cristalina con Venezuela y que para hacerlo sería necesario reestructurar el papel de Estados Unidos en las instituciones primarias multilaterales de capital financiero y desarrollo de la posguerra, que surgieron a partir de Bretton Woods, tales como el Fondo Monetario Internacional.

Así mismo, este problema ha hecho que Venezuela cree una cripto moneda difícil de rastrear, el Petro, con el propósito de participar con varios actores financieros multilaterales, quizás también incluyendo algunas firmas norteamericanas como una forma de evadir el régimen de sanciones de Estados Unidos.

Abreviando, lo que estamos viendo es que la Unión Europea ve a Venezuela como un foco de atención en torno a la divergencia acerca de cómo gestionar el declive del dólar norteamericano como moneda de reserva. Se desea en su reemplazo, un sistema respaldado por una canasta de monedas y un sistema multipolar más coherente, más parecido a la concepción propuesta por Maynard Keynes de un ICU es decir, unión para la compensación internacional, aunque otras proposiciones y remedios que toman en cuenta las peculiaridades del actual impasse tecnológico y militar son también confiables y están sobre la mesa.

El rol de Noruega es más que evidente, se trata de un delegado en general para el consenso de la Unión Europea. A pesar de las desinformaciones iniciales a través de los medios corporativos transatlánticos en el sentido que la Unión Europea estaba alineada con Estados Unidos en torno al status de Guaidó y del inevitable colapso del gobierno venezolano encabezado por el PSUV, la segunda ronda de conversaciones en Oslo demuestra lo contrario.

En realidad en el desarrollo continuado de la historia de la maniobra de Estados Unidos para efectuar la operación para provocar un “cambio de régimen” en Venezuela, los últimos desarrollos indican una creciente desavenencia entre la Unión Europea y Estados Unidos.

Por ejemplo, según su valor nominal, los grandes bancos transatlánticos que están unidos conformando el IMF pareciera que a menudo presentan un frente unido.

Pero, detrás de este frente existe un firme y creciente cambio acerca de una gama de problemas, desde proyectos energéticos que involucran a Rusia e Irán, el desarrollo de la iniciativa de China la Faja y la Ruta como también este caso que se centra en Venezuela: la suma total simultánea de todos estos problemas.

Todo esto hace eco a la creciente impresión en el sentido que el dólar ha perdido su preeminencia como divisa mundial de reserva ya que ha sido insistentemente desplazado por una canasta de divisas que por ejemplo incluyen al crecientemente independiente Euro y al Yuan. Uno de los aspectos fundamentales para comprender todo esto gira en torno al abandono de los críticos e informales regímenes del sistema de Bretton Woods, aunque los aspectos formales de las instituciones que este generó –como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial—siguen existiendo aunque de manera modificada.

Si entendemos que Bretton Woods consiste tanto de regímenes formales como el FMI y el Banco Mundial y regímenes informales tales como el sistema de tasas de cambio fijas o ajustadas y el empleo del oro para respaldar al dólar (que a su vez era la divisa principal) entonces nos damos cuenta que los regímenes informales que hicieron del FMI un sistema coherente para el desarrollo económico y la estabilidad, no han estado vigentes desde los tiempos de Richard Nixon.

El error de no haber tomado debida cuenta de los grandes cambios y del crecimiento en la economía física del mundo, queda demostrado en el caso de estudio de Venezuela cuya dirigencia política refleja un modelo racional pero que no acata el dictado del Consenso de Washington. Son numerosos –incluyendo al FMI y a la Organización Mundial de Comercio—los estados miembros del Banco Mundial que también rechazan el Consenso de Washington. Aquí observando particularmente a la Unión Europea, es solo otro claro indicador que no se trata que Venezuela no haya adoptado las políticas neoliberales propuestas por este, sino más bien la incapacidad de Estados Unidos de adaptarse al creciente sistema multipolar geoeconómico basado en el crecimiento de la economía física del mundo.

Esta tozuda posición de Washington-Wall Street y de la City de Londres en realidad solo refleja que han continuado apegados a ciertas ilusiones durante las últimas cuatro o cinco décadas. Estados Unidos ha confiado profundamente en su influencia transnacional y supranacional, en su dominio sobre las instituciones financieras multilaterales y en las corporaciones multinacionales, empleando un sistema de subsidios al bienestar con el propósito de apuntalar su complejo militar industrial sinérgico público-privado que a su vez actúa como un garante de su nominal dominio económico y de su “cadena de suministros para la seguridad” cosa que se conoce también como “diplomacia de las cañoneras”.

Se han mantenido estas ilusiones a nivel institucional a través de los regímenes formales aun cuando habían abandonado los regímenes informales establecidos en Bretton Woods, marco cuyas metas establecidas han sido hace tiempo usurpadas por el consenso neoliberal de Washington.

Por estas razones se ha producido un llamado creciente por un nuevo acuerdo de Bretton Woods, uno que tome en cuenta el descenso del dólar y a su vez restaure las tasas fijas, pero esta vez sobre la base de una canasta de divisas de reserva que representen a la economía multipolar. Maynard Keynes, quien fue el principal negociador británico en Bretton Woods y de la formación que posteriormente sería el FMI y del Banco Mundial, fue crítico de su establecimiento sobre la base del dólar norteamericano como la única divisa de reserva y de cambio y que propuso una unión para la compensación internacional, muchas de cuyas funciones fueron finalmente aplicadas al comienzo en base al dólar a través de FMI pero también con los eventuales problemas que él predijo. El intrínseco problema con el FMI, como él lo señaló, es que tan pronto como Estados Unidos perdió su superávit comercial, la coherencia del dólar norteamericano como divisa de reserva dentro del régimen informal se disolvió con este. Dado que las economías físicas en el mundo en desarrollo en realidad se desarrollaron, este superávit comercial naturalmente se disolvió –tal como lo predijo Keynes y efectivamente así ocurrió.

En realidad, las conversaciones de Oslo traducen lo que podría denominarse la oposición venezolana o por lo menos la parte de ella que es simplemente un delegado de la posición neoliberal norteamericana en la República Bolivariana. Como las conversaciones de Oslo no resolverán todo el problema del declive del dólar norteamericano y por supuesto el declive del poderío militar de Estados Unidos y su capacidad para llevar a cabo una cadena de suministros de seguridad y una diplomacia de cañoneras, resultan críticamente importantes como reflejo y representación de esta tendencia general y proceso en pleno desarrollo.

Los esfuerzos del gobierno norteamericano para fabricar un “estado paralelo” y conseguir el cambio de régimen han fracasado y no muestran ninguna señal que van a tener éxito. Esto le ha brindado un mayor peso adicional al lado multipolar y multilateral de esta ecuación, sobre el cual podría ahora reclinarse con todo su peso la Unión Europea.

Lo que ahora está en la agenda es que la comunidad internacional que ha demostrado su resolución y capacidad para resolver problemas en el ámbito internacional de tal modo de no solo excluir los deseos de Estados Unidos pero si en una controversia en la cual Estados Unidos se ha ubicado justo en el medio donde cuestiones como la dominación, el prestigio y el colapso de Estados Unidos como imperio han sido finalmente reveladas y han quedado expuestas como lo que son.

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Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona