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Cuando el sufrimiento tiene rostro de mujer… y de niñas

El 8 de marzo de 2017 Guatemala conmocionaba al mundo y se vestía de luto por la injusta muerte de 41 niñas en el centro de acogida Hogar Seguro Virgen de la Asunción. La razón de este terrible acto fue imperdonable y recayó en la negligencia de sus cuidadores, encargados de facilitar la vida de estas adolescentes sumidas en la pobreza, los abusos físicos.

Sin embargo, ese fatídico evento ocurrido en una fecha histórica, la cual realza a las féminas en su día, demostró que en materia de igualdad y justicia social para el mal llamado «sexo débil», todavía queda mucho camino por recorrer en Guatemala.

Según la Cepal, 14 de los 25 países con más feminicidios son latinoamericanos; los tres primeros: Honduras, El Salvador y Guatemala.

Una investigación de la BBC, refiere que cada año 66 000 mujeres son asesinadas en el mundo, señalando al país centroamericano como uno de los lugares donde con más frecuencia ocurre un feminicidio. Solo en el año 2018 los crímenes de género aumentaron en ese país en un 34,4 % con relación a 2017. MÁS QUE NÚMEROS, REALIDADES

A esta triste historia se suman una ola de asesinatos por odio que llevaron en el año 2008 a que el Congreso de la República aprobara el Decreto 22-2008: Ley contra el Femicidio y otras Formas de Violencia Contra la Mujer.

Una influyente artista guatemalteca como Regina José Galindo ha dicho que en su país «ser mujer es una situación “invivible”, un riesgo inhumano». Galindo utiliza el performance para reivindicar historias como la de Mindy Rodas, cuyo rostro fue desfigurado por su esposo.

Pero lo más triste es que este atroz acto no es un hecho aislado en una nación marcada por la pobreza y la desigualdad. Adolescentes y niñas traen al mundo nuevos infantes que arrastran las carencias de sus madres adolescentes.

Una minuciosa investigación realizada por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Guatemala, en la cual se incluyó una encuesta representativa a nivel nacional y la recolección de historias de vida,  esclareció que la edad promedio de la primera relación sexo-genital en ese país es de apenas 15 años. El 47 % de las jóvenes no había recibido información sobre cómo prevenir un embarazo y nueve de cada diez encuestadas no había utilizado nunca alguna forma de anticoncepción.

La misma pesquisa apunta a la trata de personas como un negocio denigrante y muy lucrativo, «con rostro de mujer». Datos proporcionados por la Procuraduría de los Derechos Humanos de Guatemala (PDH) indican que el 68 % de las víctimas de ese crimen son del sexo femenino; el grupo más vulnerable se ubica entre mujeres de 13 a 17 años de edad.

A su vez, instituciones de la región refieren  que a partir de los nueve años los niños ya son vulnerables ante empresas criminales que los utilizan como informadores; a partir de los 12, como vigilantes de casas de seguridad, y desde los 16 años como posibles autores de actos violentos.

Por lejano que pueda parecer ante la situación cubana, donde la primera edad es preservada como el gran tesoro que es, en Guatemala solo una de diez niñas tiene acceso a la educación básica.

Crímenes como el cometido con las 41 muchachas en Guatemala siguen sin respuesta, a pesar del tiempo transcurrido; en zonas rurales se simplifica el rol de la mujer a la agricultura y el cultivo, y se les niegan los créditos bancarios para desarrollar estas tareas por no considerarse «aptas».

Ante la ausencia de leyes para protegerlas, la pobreza, la falta de instrucción y  la cultura machista siguen cobrando también un mayor número de víctimas.

EN CIFRAS

– 51,2 % de la población de Guatemala son mujeres.

– 2 % de las alcaldías son dirigidas por mujeres.

– 4 000 niñas entre diez y 14 años dan a luz cada año.

– 700 mujeres sufren una muerte violenta como promedio, cada año.

– 20,8 % de las mujeres no reciben una orientación adecuada para su planificación familiar, cifra que se duplica entre las muejres indígenas.

– 1 de cada cinco de los nacimientos en en niñas y adolescentes.

– 140 por cada mil nacidos vivos es la tasa de mortalidad materna.

Fuente: ONU Mujeres