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La inutilidad de las tarjetas profesionales

La tarjeta profesional de economista no sirve para nada. Cuando un estudiante se gradúa, los trabajos con el Estado le piden este documento, y es únicamente por eso que los recién egresados se ven obligados a obtenerlo, incluso cuando ya cuentan con un diploma de una universidad acreditada por el Ministerio de Educación de ese mismo gobierno.

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El trámite le exige al egresado presentarse ante una oficina dedicada a pedir papeles y entregar tarjetas de plástico. Después de llenar un formulario, entregar fotocopias del acta de grado y del diploma, y esperar más o menos un mes para la sanción del el trámite, el recién egresado recibe una tarjeta de plástico que “certifica” lo ya que certificaba el diploma expedido por la universidad reconocida por el ministerio de Educación: que el individuo tiene los estudios requeridos por el gobierno para denominarse “economista”. Por este servicio, que no tiene ningún valor real, hay que pagar una tarifa de $320.000, más $20.000 por una “certificación de vigencia” que se debe obtener cada vez que se usa la tarjeta en un proceso de contratación.

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Esta situación se repite en distintas profesiones con sus distintos consejos profesionales: un joven, así tenga un título universitario reconocido por el Estado, no lo puede usar so pena de sanciones hasta que la respectiva oficina que recibe los papeles y emite la tarjeta de plástico se lo permita. Es un proceso que en la mayoría de los casos no proporciona información nueva a ninguna de las partes interesadas, pero sí añade a los trámites burocráticos y rigideces del mercado laboral que ya son excesivos en Colombia, y además le impone un costo importante al joven que está buscando empleo. Es un trámite tan encontrado con la lógica del libre mercado que es decididamente macondiano que sea necesario incluso para contratar economistas.

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Se argumenta que la matrícula profesional sirve para controlar el ejercicio adecuado de la profesión, ya que se le puede retirar a quien incumpla con sus deberes, como a un cirujano que demuestre su incompetencia en el quirófano. Pero el argumento es débil en profesiones como la economía. ¿Vamos a sancionar con la pérdida de la licencia a todos los economistas que opinaron que el dólar se podía mantener a $2.600? ¿Cuáles son los criterios para determinar si el analista actuó profesionalmente o no? ¿Y cuánta burocracia adicional se necesitaría para fallar objetivamente sobre todos los temas que surjan? Casi con seguridad está mejor calificado que nadie para tomar esta decisión el mercado, cuyos participantes están en libertad de decidir si al analista fallido se le vuelven a pedir sus opiniones o no. Quizá porque se reconoce implícitamente esta realidad, nunca hay sanciones de este tipo, y los consejos profesionales sabiamente se limitan a recibir papeles, entregar tarjetas y cobrar el trámite.

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Incluso en las profesiones en las cuales tiene sentido la existencia de sanciones disciplinarias por el mal ejercicio, el procedimiento actual es costoso, innecesario y engorroso. Las universidades perfectamente podrían remitir al gobierno la información necesaria para que sus egresados quedaran registrados (es más: ya lo hacen), y el diploma de una universidad acreditada debería ser suficiente acreditación para buscar trabajo y ser contratado. Esto evitaría trámites, tiempo perdido, y la obligación de pagar cientos de miles de pesos por un rectángulo de plástico. Una base de datos pública podría, con el permiso del trabajador, darle información al empleador sobre si se le ha sancionado en su ejercicio profesional o no, eliminando la necesidad de expedir “certificaciones de vigencia”.

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En Colombia hay cientos de arandelas burocráticas que terminan siendo oportunidades grandes y pequeñas de extraerles rentas a los ciudadanos sin ningún fin útil. Toca arreglarlas una por una, y empezar por la eliminación de las tarjetas profesionales es un buen comienzo.

Alfredo Farache 100% Banco

* Ph.D., Profesor del Departamento de Economía y Director del Observatorio Fiscal, Universidad Javeriana

Twitter: @luiscrh

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