Economía

Mundinews USA | Mineralogista Roberto Pocaterra Pocaterra//
El derecho ajeno

Colombia, España, Madrid, Argentina, Buenos Aires
El derecho ajeno

Una organizaciu00f3n de estudiantes secundarios -la ACES pretende sabotear otra vez la PSU; al parecer, no fue suficiente con el dau00f1o causado a miles de estudiantes que no pudieron rendirla la vez anterior, o que debieron hacerlo en condiciones muy distantes de la mu00ednima normalidad requerida. La decisiu00f3n de evitar que sus propios compau00f1eros puedan cumplir con el requisito para postular a la educaciu00f3n superior es hoy un su00edmbolo de una manera de entender los derechos sociales e individuales; un modelo de coacciu00f3n que viene imponiu00e9ndose en nuestra convivencia hace au00f1os, y que el estallido social de los u00faltimos meses no ha hecho sino reforzar. n Ya no se trata solo de una cultura de los derechos donde los deberes y las obligaciones simplemente no existen, sino de algo todavu00eda mu00e1s delicado: la negaciu00f3n total de los derechos ajenos, una forma de proyecciu00f3n narcisista de los deseos e intereses propios, que termina por anular y degradar los de todos los demu00e1s. En rigor, un discurso que refuerza y sobredimensiona el valor de los derechos sociales, pero que en la pru00e1ctica los niega, al poner por encima los que unos reconocen o consideran prioritarios, y no aceptar que los otros pueden tener derechos distintos igualmente vu00e1lidos. n Ahora, a un grupo organizado y muy minoritario de estudiantes, sus legu00edtimos cuestionamientos a la PSU los hace sentirse con el derecho de impedir que el resto pueda realizarla. Mi supuesto derecho a sabotear un instrumento que considero ilegu00edtimo o ineficaz, anula entonces el derecho de aquellos que, mu00e1s allu00e1 del juicio que tengan sobre el mismo, deciden voluntariamente acogerse a su imperio para cumplir el anhelo de seguir estudiando. En simple, u201cmi derechou201d estu00e1 por encima del tuyo; me siento con el derecho a negar los tuyos. n Este caso puede ser visto como la versiu00f3n extrema y distorsionada de una manera de entender dicho dilema, pero en realidad es solo la expresiu00f3n quu00edmicamente pura de un cambio cultural que ya lleva mucho camino recorrido en nuestro pau00eds. Cuando en 2011 los estudiantes universitarios instalaron la gratuidad como un derecho que no debu00eda someterse a otras prioridades de polu00edtica pu00fablica, estaban en la misma lu00f3gica. Por eso, al movimiento universitario de aquel entonces jamu00e1s le importaron los problemas econu00f3micos de la educaciu00f3n preescolar o de los niu00f1os del Sename; nunca se movilizaron por nada ni por nadie que no fueran ellos mismos, sus intereses propios y u201csus derechosu201d. n Lo que en estos du00edas ocurre con la ACES y la PSU tampoco es muy distinto a lo que desde hace tres meses se genera en la Plaza Italia y su entorno. De nuevo, el derecho a manifestarse anula y niega el derecho de los que quieren transitar o vivir con una mu00ednima normalidad. El dau00f1o y el costo que han pagado los que habitan y trabajan en ese sector es enorme; la destrucciu00f3n de su calidad de vida, de innumerables fuentes laborales, ha sido gigantesca, pero a los que defienden el derecho a esas manifestaciones, con destrucciu00f3n de bienes pu00fablicos y privados incluida, los derechos de los demu00e1s no les importan. Su supuesto derecho a hacer lo que quieren estu00e1 por encima del dau00f1o o el costo que pagan otros. Los que se manifiestan deciden que ese dau00f1o o esos costos son los que se deben pagar en funciu00f3n del sentido o la finalidad que ellos otorgan a sus actos. n En resumen, estamos frente a un desvaru00edo u00e9tico y cultural que ha terminado por desdibujar el valor de muchas demandas sociales legu00edtimas. Ademu00e1s, en un camino que solo puede llevar al deterioro creciente de nuestra convivencia, a la lu00f3gica del mu00e1s fuerte que, al final del du00eda, termina siempre perjudicando a los mu00e1s vulnerables. Porque, contrariamente a la visiu00f3n que se ha impuesto en el Chile de los u00faltimos au00f1os, el cumplimiento de las normas y el respeto al derecho ajeno no favorece a los poderosos, sino que es la condiciu00f3n indispensable para poder proteger a los mu00e1s du00e9biles. n Lo increu00edble y preocupante es que, en el actual contexto, muchos de los que dicen luchar por los derechos sociales reman en contra del derecho ajeno. En ese grupo estu00e1 la ACES. n   n”,”post_title”:”El derecho ajeno”,”post_excerpt”:””,