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Pedro Castillo o ¿para qué sirvió la lucha guerrillera en sur Amèrica? ¿Tuvo razón Domingo Alberto Rangel?

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En Perú, donde la izquierda había sido acorralada y hasta minimizada desde los tiempos de la imposición de la lucha guerrillera por el grupo “Sendero Luminoso”, que sirvió para que la derecha contuviera las luchas de aquella y rompiera sus lazos con el movimiento popular y, hasta, en buena parte, justificara la entrada del gobierno de Alberto Fujimori, quien diciendo combatir aquel grupo “subversivo”, se aprovechó para reprimir toda manifestación de inconformidad, reaparece el movimiento popular, después de traiciones y engaños como el de Ollanta Humala y, con Pedro Castillo, derrota a la derecha y las clases dominantes que terminaron amparadas en la descalificada y hasta odiada por ellas, candidatura de Keiko Fujimori

Desde hace muchos años, de cuando nuestro partido MIR y el PCV, siendo ellos los referentes políticos con más apoyo popular en Venezuela, quedaron destruidos y casi reducidos a cenizas, he vivido atosigado por esta interrogante.

¿Para que sirvió nuestra lucha guerrillera? ¿Tuvo razón Domingo Alberto Rangel, cuando llamó a aprovechar los limitados, pero existentes, recursos legales, aquello que él llamaba “privilegiar la lucha de masas”? Estoy seguro que sí.

Más cuando, en la izquierda, todavía algún sector hasta sigue dándole validez al uso de aquella forma de lucha, la privilegia, asigna un enorme valor, halla en esa ella, de pura vanguardia y como tal grupal, un gran y hasta trascendental aporte y, hasta le asigna rango de héroes a quienes en ella participaron como líderes, tanto que hasta existe la tendencia de llenar con ellos el panteón. Por supuesto, como en todo, depende de quien se trate y si está vivo o muerto. Quienes aún no han muerto, por lo menos todavía, en tal categoría y, de los muertos, unos son buenos para eso, otros no, depende del frente o grupo donde estuvo. Lo que ya es motivo para restarle valor, equilibrio y sensatez a tal calificación.

Por supuesto, todo resulta de una valoración ligera, sentimental, ortodoxa, sectaria y hasta infantil que para nada toma en cuenta los efectos negativos que ella mismo pudo generar. Quienes así valoran, no incorporan a sus análisis, ni siquiera que, en todos los espacios del continente donde se puso en práctica, terminó en derrota, destrucción de las organizaciones progresistas, reflujo del movimiento popular, ignorado todo eso por aquella forma de lucha y postergados los reclamos valederos de la gente toda. Los únicos sitios, donde esas luchas dieron resultado, fue en espacios donde había dictaduras férreas, personales, por lo que contaron con la legalidad, suficiente apoyo popular, internacional, por el convencimiento de años, que era la única opción, fueron la Cuba de Batista y Nicaragua de los Somoza, donde los gringos, por el desprestigio de aquellos gobiernos, terminaron haciéndose los locos. No obstante, sólo sirvieron para cambiar gobiernos y adelantar alguna que otra reforma, pero en ningún caso para lo que dijeron servía, construir el socialismo.

Ayer mismo, hablando con un amigo de esos ortodoxos, le comentaba, como el movimiento popular, indigenista, despertado por el MAS y Evo Morales y Álvaro García Lineras en Bolivia, pudo hacer, en enorme magnitud, lo que fue imposible para el foquismo de Ernesto Guevara y todo el movimiento guerrillero de ese país.

Mi amigo, muy ortodoxo él, se contentó con una explicación emanada hace años de la fábrica de eso, según la cual, el fracaso de la guerrilla de Guevara y su muerte misma, dado que la ortodoxia le da un valor desmesurado al individuo, al héroe, todo fue culpa de la traición del partido comunista boliviano. Si no hubiese sido por esa traición allí “otro gallo” hubiese cantado.

Pasó por alto asuntos como la soberanía, el derecho natural de los nacionales a dirigir sus luchas y a una circunstancia que, para Guevara y el propio PCB, entonces no tuvo interés alguno, el movimiento indigenista del altiplano, los obreros, sobre todo los del área minera, que fueron importantes en aquella “Revolución Boliviana” de la década del 50 del siglo pasado, que son la mayoría de la población.

Alegó además mi amigo, otra “verdad” que fabricaron a su gusto y en todas partes, sin importar las circunstancias específicas, pusieron por delante. Aquella, según la cual, la lucha guerrillera les fue impuesta a quienes la asumieron, al negarles todo resquicio de legalidad. También decidieron ignorar, es una actitud casi oficializada, que, “la imposición”, si es valedero hablar de eso, habría que buscarla en otro lado; asunto del cual no quiero hablar ahora.

Le dije a mi amigo, como antes de lo de Bolivia, donde por la vía legal, el movimiento popular, más recientemente había vuelto a derrotar a la derecha que sacó del gobierno ilegalmente a Evo; en Venezuela misma, Chávez llegó a la presidencia por la vía electoral, habiendo fracasado previamente por la fuerza, por la influencia, los efectos, de aquel fenómeno popular, no guerrillero, el Caracazo, que dejó desnudos a los partidos del sistema, a la izquierda toda con la boca abierta y, a los exguerrilleros, haciendo pescaditos de metal, como a Aureliano Buendía.

El Frente Amplio del Uruguay, después de derrocada la dictadura, formado en buena parte por la izquierda y en buena medida por antiguos guerrilleros, ha estado en el gobierno tres veces y constituye una fuerza que, aunque no gobierne ahora, sirve para contener los excesos de la derecha y hasta lista y en capacidad para regresar al poder y en cualquier momento contribuir a un nuevo equilibrio en América Latina.

En Venezuela, se sepultó la idea, quedó más clara que en Cuba, según la cual, para avanzar hacia una sociedad socialista, es necesario que la vanguardia, tome el control absoluto del Estado, la sociedad y particularmente por la vía militar y de las armas. El gobierno, supuestamente de izquierda tiene de eso y bastante, pero está metido en una cuneta y la población vive en condiciones deplorables.

Pero sigamos. En Chile, en este momento, el movimiento popular, en la calle, movido por sus consignas, sus dolores, ha hecho retroceder a las fuerzas de Piñera, al FMI, impuesto la inminente derogación de la Constitución de Pinochet, mediante la creación del poder constituyente y especialmente volvió trizas la influencia de la derecha en el electorado. Vista la coyuntura actual, es valedero predecir un gobierno progresista en el futuro inmediato de ese país, algo así como “se abrirán de nuevo las anchas alamedas”.

En Ecuador, pese el extraño comportamiento de un grupo que se define como indigenista y ecologista, el llamado Pachakutit, que prestó sus votos a Lasso, para que este ponga en práctica una política contraria a eso, quedó intacto y poderoso el movimiento progresista que lidera Rafael Correa. Y a la dirigencia del Pachakutit, si no corrige su inconsecuencia, le pasarán factura.

En Perú, donde la izquierda había sido acorralada y hasta minimizada desde los tiempos de la imposición de la lucha guerrillera por el grupo “Sendero Luminoso”, que sirvió para que la derecha contuviera las luchas de aquella y rompiera sus lazos con el movimiento popular y, hasta, en buena parte, justificara la entrada del gobierno de Alberto Fujimori, quien diciendo combatir aquel grupo “subversivo”, se aprovechó para reprimir toda manifestación de inconformidad, reaparece el movimiento popular, después de traiciones y engaños como el de Ollanta Humala y, con Pedro Castillo, derrota a la derecha y las clases dominantes que terminaron amparadas en la descalificada y hasta odiada por ellas, candidatura de Keiko Fujimori.

Uno no sabe la suerte que el destino depara al gobierno de Castillo, no podemos forjarnos siquiera ilusiones porque desconocemos detalles sustanciales del candidato y hasta ahora su discurso ha sido ambiguo e inseguro; menos sabemos de sus relaciones con el mundo de la política del Perú, sus asesores, etc. Pero lo qué si sabemos, sin que nos quepa duda, que, en él, el movimiento popular peruano, pese su humildad, venir de lo desconocido, simple maestro de escuela rural, encontró una referencia para unirse y luchar contra los problemas e injusticia que le acogotan y someten.

Y vayamos, para cerrar este balance, a Colombia. La lucha guerrillera en Colombia, es tan vieja como la ortodoxia misma. Ha producido una montaña de muertos y servido de excusa a la derecha para exterminar buena parte de la población pacífica, camuflar el tráfico de drogas, pues la DEA, los gobiernos colombianos y los traficantes mismos, se han escudado tras la presunta responsabilidad de los guerrilleros. Pero también ha servido para cercenar toda manifestación de inconformidad en el pueblo colombiano por temor a una salvaje represión que se escuda en aquella; todo inconforme es acusado de guerrillero o cómplice, de allí los tantos falsos positivos. El proceso de paz en Colombia, en el cual Chávez y hasta el gobierno cubano, colaboraron convencidos de la inutilidad de aquel sacrificio y hasta quijotismo, pese los errores cometidos al momento de cerrar los acuerdos, no sólo incorporó parte del movimiento guerrillero a la legalidad, sino que ha permitido que el movimiento popular, el actor principal, el único imprescindible, esté tomando su liderazgo y ejerciendo su verdadera y efectiva fuerza. No obstante, cabe comentar, como algún grupo guerrillero, fundamentado en los errores habidos en el cierre de los acuerdos, de los que es igualmente responsable, no sólo ha vuelto a las andadas, sino que en su locura hasta se han echado de enemigo al ejército de Venezuela. Lo que rebela que entre ellos no hay mucha claridad y explica en parte tanto disparate.

Ahora en Colombia, el gobierno de Duque, que es como decir Álvaro Uribe y los suyos, que también significa el narcotráfico, las bases militares y el gobierno de EEUU, el modelo explotador, están siendo denunciados contundentemente y con victorias populares. El liderazgo individual, como el de los “heroicos guerrilleros, también ha sido derrotado y denunciados como fueron de incompetentes para moverle el piso, por lo menos, y de manera contundente, a las clases dominantes y su modelo.

Ojalá esos hechos sirvan para motivar el deseado debate y revisión de aquellos hechos, lo que nada vergonzoso va a dejar, sino a demostrar cuanto de equivocación, sacrificio inútil hubo en ellos; poner a cada quien en su sitio y permitir una ruptura con la ortodoxia, las iglesias, santos y hasta oráculos, que suelen oscurecer lo que en realidad es brillante y obnubilan a mucha gente, sobre todo al momento de evaluar cada coyuntura y sus aliados. Quizás hasta ayudemos a los muertos mismos que vagan por haber sido ungidos equivocadamente, pues fueron de verdad luchadores abnegados, generosos, valientes, llenos de buena fe, sueños y hasta poesía, pero absolutamente equivocados.

¡Qué resurja la verdad! ¡Paz a los muertos!