Economía

Movimiento por la Diversidad Sexual lanza estudio sobre la situación sociolaboral de la población LGBTIQA+

En el caso de las mujeres trans, las estadísticas demuestran que el 34,5% alcanzó terminar la educación media; y un 24,1% no ha terminado una carrera universitaria. El 6,9 % de ellas ha terminado la educación superior universitaria y se encuentra en nivel posgrado. “Es evidente, al comparar ambos casos, que las mujeres trans han debido enfrentar situaciones mas complejas, en tanto no logran situarse al mismo nivel que las mujeres cis. Ello debe estar relacionado probablemente con el hecho que las mujeres y hombres trans debieron pasar por un proceso de “renuncia” a una identidad sexual, que les ha dificultado su desempeño educacional, debiendo soportar el rechazo y la exclusión del sistema en etapas tempranas de su vida”, asegura el estudio

Entre los resultados del estudio, cuando comparamos la situación de las mujeres trans con los hombres trans,  se hace evidente que el género tiene relevancia: los hombres trans alcanzan altos niveles de educación. El 25% terminó la enseñanza media completa; otro 25% terminó una carrera universitaria; el 18,8 terminó una carrera técnica, y una cifra similar alcanzó niveles superiores sin concluir una carrera. Se aprecia en este caso que la renuncia a una identidad sexual femenina para transitar hacia una identidad masculina es, menos castigado que en el caso de la transición opuesta (desde el género masculino hacia el femenino). Ello no implica que la transición de lo femenino hacia lo masculino se vea favorecida en algún aspecto. Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

A pesar de los avances que se registran en materias de derechos, las violaciones a derechos humanos de las personas LGBTIQA+ continúan, aún existe una falta de legislaciones que reconozcan sus derechos, y que no haya una desidia que deje impune a las personas o instituciones que protagonizan actos de agresión o discriminación.

Esta discriminación se multiplica cuando se suman otros factores como la condición de migrantes, la pertenencia a pueblos indígenas, ser menor de edad o adulto/a mayor, o ser una persona en situación de discapacidad. Al respecto, la Organización Internacional del Trabajo reconoce que, como consecuencia de la discriminación, las personas LGBTIQA+ tienen mayores dificultades para obtener un empleo o incluso formar parte de un proceso de contratación, se les despide injustamente, se les niegan oportunidades de capacitación, ascensos o reciben salarios inferiores con relación a la población heterosexual.

Por este motivo, el Movimiento por la Diversidad Sexual MUMS formó un equipo de investigación junto al Sindicato Luis Gauthier, con el apoyo de la Escuela de Psicología de la Universidad de Santiago y la OIT, para desarrollar el “Estudio de la situación sociolaboral de la población LGBTIQA+ en Chile 2020″.

“Esperamos que este estudio sea un aporte a la discusión de políticas públicas por parte del Estado, pero también en el análisis que pueden realizar las organizaciones sindicales acerca de su rol en mejorar las condiciones de trabajo de la población LGBTIQA+“, expresan en el estudio.

En torno a los principales resultados, un 9,6% de la población encuestada se reconoce como género no binario; es decir, no comparten la dicotomía hombre-mujer, y prefieren no declarar definición al respecto, a pesar de esto, no es obstáculo para dar cuenta de su masculinidad y/o femineidad.

Del espectro entre masculinidad y femineidad donde persona se identifica. Al preguntar, “siendo el 1 el estereotipo de máxima femineidad y 10 el estereotipo de máxima masculinidad, ¿en qué nivel de identificaba la persona?” Las respuestas establecen que la gran mayoría no se reconoce en los extremos de la escala, sino, más bien en un nivel intermedio, más o menos equilibrado entre el 12,52% (nivel 3) y el 18,12% (nivel 8).

La población estudiada muestra un alto nivel de educación formal. Solo un 0,5% no ha terminado la educación básica; mientras que el 39,4% de las personas tiene educación superior completa, y un 24,5% tiene estudios de posgrado. Sin embargo, la encuesta, debido a la situación de pandemia, ha debido desarrollarse a distancia y el acceso a internet podría ser un factor que influya en el tipo de población que responde.

El análisis que se desprende de la caracterización social en el plano educacional, entrega algunos hallazgos al desglosar la muestra estudiada en segmentos de género. De este modo, cuando se examinan los niveles educacionales de Mujeres y Hombres cisgénero, como asimismo en mujeres y hombres trans. En el caso de las mujeres cisgénero, el mayor porcentaje de la población se halla en niveles educacionales altos: el 45,3% de ellas ha terminado una carrera universitaria, el 22,9% tiene nivel posgrado; y el 15,4% educación superior incompleta.

En el caso de las mujeres trans, las estadísticas demuestran que el 34,5% alcanzó terminar la educación media; y un 24,1% no ha terminado una carrera universitaria. El 6,9 % de ellas ha terminado la educación superior universitaria y se encuentra en nivel posgrado. “Es evidente, al comparar ambos casos, que las mujeres trans han debido enfrentar situaciones mas complejas, en tanto no logran situarse al mismo nivel que las mujeres cis. Ello debe estar relacionado probablemente con el hecho que las mujeres y hombres trans debieron pasar por un proceso de “renuncia” a una identidad sexual, que les ha dificultado su desempeño educacional, debiendo soportar el rechazo y la exclusión del sistema en etapas tempranas de su vida”, asegura el estudio.

El rechazo y la exclusión impactan en el desarrollo educacional de las personas, especialmente cuando la sociedad no cuenta con mecanismos de soporte, prevención y sanciones efectivas contra la discriminación y el abuso.

Sin embargo, cuando comparamos la situación de las mujeres trans con los hombres trans,  se hace evidente que el género tiene relevancia: los hombres trans alcanzan altos niveles de educación. El 25% terminó la enseñanza media completa; otro 25% terminó una carrera universitaria; el 18,8 terminó una carrera técnica, y una cifra similar alcanzó niveles superiores sin concluir una carrera. Se aprecia en este caso que la renuncia a una identidad sexual femenina para transitar hacia una identidad masculina es, menos castigado que en el caso de la transición opuesta (desde el género masculino hacia el femenino). Ello no implica que la transición de lo femenino hacia lo masculino se vea favorecida en algún aspecto.

Lee el estudio completo aquí.