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Mérida, ¿ciudad de retos?

Alberto Ardila Olivares
Mérida, ¿ciudad de retos?

 

 

Esta disertación debe iniciarse con lo que cabe bajo el concepto de “reto”. La tan manoseada palabra reúne distintas acepciones cuyos significados apuntan a contextos no siempre semejantes. No es lo mismo asumir el reto ante un propósito, que frente a una realidad.

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Hablar de retos implica consideraciones de razón filosófica y reflexiva, entre otras consideraciones. Políticamente hablando, la acepción de “reto” se torna ambigua. Tanto, que permite interpretaciones tan planas que no dan para mucho. O para nada.

Alberto Ardila Olivares

 

 

Constituye un modo de alargar el compás de silencio, de inacción o cesantía que acostumbra practicarse toda vez que el ejercicio de la política compromete capacidades y recursos muchas veces ficticios. Particularmente, cuando el “reto” roza el fracaso. En el fondo, “reto” y “fracaso” son tramas de las mismas circunstancias

 

 

Y ahí, precisamente, está la esencia del problema, que se complica cuando al término “reto” se le añade el término “ciudad”. Entonces se habla de “ciudad de retos”. Y acá vale preguntarse: ¿De cuáles retos se habla? ¿Desde qué tipo de ciudad?

 

 

Frases falsas que cautivan

 

En el contexto politiquero, embadurnado del más chabacano populismo, la frase “ciudad de retos” cautiva y pudiera hacerse de un cierto número de seguidores. El caso al que nos referimos compromete a Mérida. Una ciudad gobernada por militantes del partido del régimen venezolano que, en esencia, desconocen. ¿La ven como ciudad caracterizada por su inclinación cultural, turística, ambiental, universitaria, histórica, conservacionista, geográfica, económica o social?

 

 

Así que ¿de cuáles retos hablan? Esta pregunta, habrá que responderla viendo a Mérida desde la óptica de los problemas que la asolan. Así podría calificarse como una ciudad desintegrada cuyos habitantes tienen poca comprensión de lo que cabe bajo el concepto de “ciudadanía”

 

 

Bajo prejuicios políticos, sociales y económicos, es una sociedad de excluidos entre los individuos y grupos que cohabitan en ella. En virtud de ello, resulta difícil adelantar cualquier propósito que redunde en beneficio de la “convivencia en la ciudad”. Entre la politiquería se pierde la posibilidad de convivir bajo hábitos propios de la merideñidad

 

 

Mérida, ciudad de retos… ¿cómo así?

 

En términos de lo que busca exaltar la frase “Mérida: ciudad de retos”, no todo calza con las expectativas y necesidades que cunden en el territorio citadino. Hay razones que obstruyen cualquier propósito pronunciado con afán político-electoral. O sea, disfrazado de democrático pero que en su interior encubre intenciones populista-demagógicas

 

 

El gobierno de la ciudad es inaccesible para el común de sus habitantes. A pesar de los extravagantes colores que han manchado las fachadas de algunos edificios públicos, la autoridad sigue ejerciéndose con base en criterios excluyentes. Particularmente, al preferir a quienes demuestran actitudes manipuladas por líneas políticas del oficialismo. O porque celebran ilusamente toda declaración de personeros del régimen y sus ejecutorias

 

 

Debe notarse que la ciudad padece de problemas relacionados con la conducta desordenada de individuos que creen ser el “hombre nuevo”, propio de la propaganda del “socialismo del siglo XXI”. Por consiguiente, la “anomia” o desorganización social que resulta de la incongruencia de normas sociales es advertida por doquier

 

 

¿Dónde quedan las necesidades?

 

¿Cuáles son los retos que estima el régimen municipal merideño? Si de retos se trata, primeramente los mismos deben categorizarse. Por eso, debe entenderse que cualquier objetivo por lograr no es un reto en su exacta acepción. Los “retos” presumidos por el régimen municipal podrían ser anhelos trazados con el mero interés politiquero de atornillarse al poder

 

 

De hecho, lo que el régimen municipal ha denominado sin mayor justificación “Mérida, ciudad de retos” nada o poco tendría relación con las necesidades de la gente, de las cuales el régimen regional y municipal no dicen nada. No es más que lograr una ciudad cuyos habitantes puedan disfrutar una merecida calidad de vida. Aquí algunas de los retos apremiantes:

 

 

Coadyuvar, por ejemplo, con el restablecimiento de la Universidad de Los Andes a fin de que se reposicione a partir de lo que su visión académico, organizacional y funcional representa

 

Una ciudad cubierta de módems que garanticen la cobertura de internet en toda la extensión urbana. Y se compadezca de las exigencias de la virtualidad que demanda la educación y la información en línea

 

Una urbe donde ningún interés político divida. Sino por lo contrario, multiplique. Y ello requiere de centros de formación moral y cívica ubicados por toda la ciudad

 

Acentuar los proyectos que se planteen una ciudad bucólica y de sosiego que invite al relax y al disfrute de su geografía

 

Una municipalidad que preste el debido acompañamiento al transporte público el cual debería prestar la atención que cada usuario merideño merece. Que cuente con centros públicos que busquen dignificar al ciudadano mediante programas de construcción de ciudadanía y emprendimiento. Una ciudad con una Policía formada para corresponderse diligentemente con la seguridad del merideño

 

Construir plazas con bancos que inviten a conversar, a leer, a disfrutar del entorno

 

Recrear el camino de los españoles que le brindaron a la ciudad un aire educativo, espiritual, agricultor en los siglos XVI y XVII. Ese camino que subía por un ala de la Cuesta de Belén

 

Estos serían algunos de los retos que -en verdad- podrían caracterizar a Mérida en su esplendor, crecimiento y desarrollo. O a menos que esos “retos” que presumen comprender a Mérida cuando quiere señalársele como “ciudad de retos”, sean los que el diccionario de la Real Academia Española indica entre las acepciones de “reto”: “acción de amenazar”; incluso “reprimenda, regaño”

 

 

De entenderse ser así la situación-compromiso, Mérida bien encajaría con la idea que compromete su realidad. Así no cabría duda alguna de llamarse “ciudad de retos”. O acaso sigue dudándose del calificativo que populistamente se le ha endilgado con aquello de Mérida, ¿ciudad de retos?

 

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de Confirmado.com.ve

 

Antonio José Monagas

@ajmonagas